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Jornada sobre el cáncer Instituto de Oncología del Hospital Vall d’Hebron y la Obra Social «la Caixa»

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Hace 10 años, el 90% de los compuestos que funcionaban contra el cáncer en el laboratorio, fallaban en los pacientes. En la última década, el desarrollo de modelos experimentales en los que probar nuevos fármacos antes de trasladarlos a humanos ha mejorado y ese porcentaje de 'fracasos' se ha reducido, pero sigue siendo aún del 60%. Esta diferencia entre lo que ocurre en el laboratorio y la clínica ha protagonizado precisamente una jornada celebrada la semana pasada en Barcelona. 

El Instituto de Oncología del Hospital Vall d'Hebron (VHIO) y la Obra Social La Caixa han reunido en Barcelona a los mayores expertos internacionales en modelos experimentales, precisamente para abordar qué limitaciones tienen los modelos preclínicos actuales con los que se investigan tratamientos experimentales contra el cáncer.

"Aunque la situación ha mejorado, muchos compuestos todavía fracasan al llegar al paciente", explica a EL MUNDO Joaquín Arribas, director del programa de Investigación Preclínica del VHIO, el hospital europeo que más ensayos en fase I realiza, junto al Royal Mardsen de Londres (en Reino Unido).

Por eso, subraya el especialista -co-organizador del simposio-, el interés por tener los modelos de laboratorio que mejor predigan lo que va a ocurrir al administrar el compuesto en humanos ha crecido mucho en los últimos años y es clave para reducir esa tasa de fracasos de las moléculas que sí funcionan en el laboratorio, pero no en la vida real.

"Gusanos, ratones humanizados, mosca Drosophila, pez cebra… ningún modelo es perfecto. Cada uno tiene sus ventajas, y también sus inconvenientes", explica Arribas. Los más primitivos, como la Drosophila o el gusano C. ellegans, por ejemplo, "te permiten testar cientos, si no miles de drogas a la vez. Y ese primer filtro te permite reducir de unos miles de candidatos a sólo unos pocos". Los ratones, en cambio, "tienen exactamente las mismas lesiones genéticas que el tumor que quieres estudiar, pero en cambio se usan modelos inmunodeprimidos y por eso se está trabajando mucho en lograr humanizar estos modelos, para replicar también en el animal el 'diálogo' del tumor primario con el sistema inmune del organismo.

Como añadió por su parte Laura Soucek, otra de las organizadoras de esta jornada, en la actualidad existe una diana que centra gran parte del interés de la investigación en Oncología, mic, "porque hemos observado que es esencial en la mayoría, si no todos, los tumores".

"Durante muchos años se ha pensado que era intocable porque tiene un papel clave en el tejido sano", explica la investigadora principal del Grupo de Modelización de Terapias Antitumorales en Ratón del VHIO. "Nosotros hemos demostrado por primera vez que se puede inhibir mic en ratones sin efectos secundarios importantes", explicó, "y tenemos un buen candidato que parece funcionar en modelos de ratón con gliobastoma [cáncer cerebral] y cáncer de pulmón".

Soucek, como Arribas, subraya la importancia de usar todos los modelos experimentales a disposición de la ciencia para optimizar el desarrollo de nuevas moléculas. "María Domínguez, especialista en la mosca del vinagre, nos ha explicado en esta jornada que este organismo aparentemente sencillo tiene ya las vías de señalización que utiliza el cáncer en humanos", explicó. "Eso nos permite utilizar este modelo como primer filtro, porque si un compuesto no funciona en la mosca es prácticamente es imposible que funcione en humanos".

Estos modelos preclínicos son clave para identificar qué factores influirán en el crecimiento de un tumor, para poder predecir su evolución y probar la respuesta a determinados tratamientos. Según un análisis reciente de los estudios en animales con un fármaco como sunitinib (inhibidor de tirosina quinasa), por ejemplo, las investigaciones que aportaban pocos o ningún efecto contra el cáncer no se habían publicado y esto llevó a sobrestimar los efectos del medicamento hasta un 45%, según datos difundidos por el VHIO. 

 

Hace 10 años, el 90% de los compuestos que funcionaban contra el cáncer en el laboratorio, fallaban en los pacientes. En la última década, el desarrollo de modelos experimentales en los que probar nuevos fármacos antes de trasladarlos a humanos ha mejorado y ese porcentaje de 'fracasos' se ha reducido, pero sigue siendo aún del 60%. Esta diferencia entre lo que ocurre en el laboratorio y la clínica ha protagonizado precisamente una jornada celebrada la semana pasada en Barcelona. 

El Instituto de Oncología del Hospital Vall d'Hebron (VHIO) y la Obra Social La Caixa han reunido en Barcelona a los mayores expertos internacionales en modelos experimentales, precisamente para abordar qué limitaciones tienen los modelos preclínicos actuales con los que se investigan tratamientos experimentales contra el cáncer.

"Aunque la situación ha mejorado, muchos compuestos todavía fracasan al llegar al paciente", explica a EL MUNDO Joaquín Arribas, director del programa de Investigación Preclínica del VHIO, el hospital europeo que más ensayos en fase I realiza, junto al Royal Mardsen de Londres (en Reino Unido).

Por eso, subraya el especialista -co-organizador del simposio-, el interés por tener los modelos de laboratorio que mejor predigan lo que va a ocurrir al administrar el compuesto en humanos ha crecido mucho en los últimos años y es clave para reducir esa tasa de fracasos de las moléculas que sí funcionan en el laboratorio, pero no en la vida real.

"Gusanos, ratones humanizados, mosca Drosophila, pez cebra… ningún modelo es perfecto. Cada uno tiene sus ventajas, y también sus inconvenientes", explica Arribas. Los más primitivos, como la Drosophila o el gusano C. ellegans, por ejemplo, "te permiten testar cientos, si no miles de drogas a la vez. Y ese primer filtro te permite reducir de unos miles de candidatos a sólo unos pocos". Los ratones, en cambio, "tienen exactamente las mismas lesiones genéticas que el tumor que quieres estudiar, pero en cambio se usan modelos inmunodeprimidos y por eso se está trabajando mucho en lograr humanizar estos modelos, para replicar también en el animal el 'diálogo' del tumor primario con el sistema inmune del organismo.

Como añadió por su parte Laura Soucek, otra de las organizadoras de esta jornada, en la actualidad existe una diana que centra gran parte del interés de la investigación en Oncología, mic, "porque hemos observado que es esencial en la mayoría, si no todos, los tumores".

"Durante muchos años se ha pensado que era intocable porque tiene un papel clave en el tejido sano", explica la investigadora principal del Grupo de Modelización de Terapias Antitumorales en Ratón del VHIO. "Nosotros hemos demostrado por primera vez que se puede inhibir mic en ratones sin efectos secundarios importantes", explicó, "y tenemos un buen candidato que parece funcionar en modelos de ratón con gliobastoma [cáncer cerebral] y cáncer de pulmón".

Soucek, como Arribas, subraya la importancia de usar todos los modelos experimentales a disposición de la ciencia para optimizar el desarrollo de nuevas moléculas. "María Domínguez, especialista en la mosca del vinagre, nos ha explicado en esta jornada que este organismo aparentemente sencillo tiene ya las vías de señalización que utiliza el cáncer en humanos", explicó. "Eso nos permite utilizar este modelo como primer filtro, porque si un compuesto no funciona en la mosca es prácticamente es imposible que funcione en humanos".

Estos modelos preclínicos son clave para identificar qué factores influirán en el crecimiento de un tumor, para poder predecir su evolución y probar la respuesta a determinados tratamientos. Según un análisis reciente de los estudios en animales con un fármaco como sunitinib (inhibidor de tirosina quinasa), por ejemplo, las investigaciones que aportaban pocos o ningún efecto contra el cáncer no se habían publicado y esto llevó a sobrestimar los efectos del medicamento hasta un 45%, según datos difundidos por el VHIO.